
Sus tan solo 126 páginas son capaces de provocar en el lector una cascada de imágenes, situaciones, sentimientos y deseos que se agolpan en nuestro interior a medida que uno va leyendo. Deseos sí, de que las cosas que le suceden al señor Linh vayan por otros derroteros.
El anciano señor Linh abandona su país devastado por una guerra que ha destrozado todo lo que tenía: familia, casa, arrozales, amigos… ha perdido todo menos a su nieta de escasos meses, Sang Diu, con la que emprende un viaje hacia Francia, donde espera días mejores. Al llegar es llevado a un piso de acogida, donde le reciben con recelo. En ese ambiente hostil, con un idioma desconocido, experimentará la más absoluta soledad. Pero entonces conoce a otro anciano y esto le proporciona un atisbo de esperanza que le lleva a esperar un nuevo día con el deseo del encuentro.
Cuando alguien es desplazado de su entorno, despojado de lo más intimo, de las propias raíces, la creación de rutinas constituye un mecanismo de defensa ante el vacío, ante lo extraño y ajeno.
A pesar de su crudeza el relato está lleno de una ternura infinita y su desenlace lleva a un final sorprendente, profundamente conmovedor.
No dejéis de leer esta pequeña joya, traducida a 26 idiomas, que nos ofrece Philippe Claudel y que nos invita a la reflexión sobre el exilio y la amistad.