No hace mucho, a propósito del éxito de la novela y película de "Los Girasoles Ciegos", Muñoz Molina se hacía eco de una especie de doctrina oficial según la cual en España, hasta hace muy poco, no se pudo escribir y casi ni hablar de la Guerra Civil o de la posguerra desde el punto de vista de los vencidos. Pero, añade, “quien dice que sólo ahora se publican novelas o libros de historia que cuentan la verdad sobre la Guerra Civil y la dictadura debería decir más bien que él o ella no los ha leído, o que los desdeñó en su momento porque no estaban de moda, en aquellos atolondrados ochenta en los que la doctrina oficial del socialismo en el poder era la contraria: con lo modernos que ya éramos, qué falta hacía recordar cosas tristes y antiguas”.
Aprendiendo de aquellos maestros, recordando lo que nuestros mayores nos habían contado, algunos de nosotros empezamos publicando ficciones alimentadas por la memoria de la Guerra Civil y la derrota de la República: yo no me olvido de la impresión que me hizo leer en 1985 "Luna de lobos", de Julio Llamazares, donde está el coraje de la resistencia pero también la lenta degradación de quien se ve reducido por sus perseguidores a una cualidad casi de alimaña”.
El mérito de estas obras no es cuestionable pero lo que sugiere M. Molina es que, tan sólo como un ejercicio, se lean intercaladas con algunos de aquell
os libros que no tuvieron el reconocimiento que merecían por el simple hecho de no haber sido escritos teniendo a favor los vientos caprichosos de la moda. Entre ellos, además de los títulos señalados, Muñoz Molina cita también "Las últimas banderas", de Ángel María de Lera, que ganó hacia finales de los años sesenta el Premio Planeta, o "Tres días de julio", de Luis Romero, “que tiene la inminencia trágica de lo que todavía casi no ha sucedido y ya es irreparable”.Escrito por: Juan Carlos Pérez Manrique




