Leer y hacer la cena: dos cosas perfectamente compatibles: cada una en su momento, claro está. No vaya a ser que el libro que me han prestado en el Club de Lectura acabe "participando" de la cena, con su correspondiente mancha de aceitillo.

Y es que la afición por la lectura invade todos los ámbitos de mi vida.
Sin ir más lejos, esta noche ha invadido la tortilla de patata, que ha quedado perfectamente cuajada mientras contemplaba en mi imaginación la estancia donde el general y Kónrad -su amigo del alma- protagonistas de la novela que ahora estamos leyendo en el club de Lectura, mantienen una conversación mientras cenan: una conversación vital para sus vidas.

"Candelabros de porcelana, con velas gruesas y azules, como en las iglesias... las altas llamas de las velas oscilan, sin llegar a disipar las sombras del comedor... Delante de los platos y de los cubiertos ausentes se encuentra la figurilla de porcelana del Sur: un león... El mayordomo, vestido con esmoquin negro, está firme e inmóvil, al fondo, al lado de la mesa de servicio..."
La conversación que he mantenido con mi familia mientras cenábamos, no ha sido vital para nuestras vidas, que digamos, pero ya estoy planeando para mis adentros una cena con candelabros, esmoquin y... ¡tortilla de patatas!, por supuesto.
¡Ay!, si el general y su amigo Kónrad hubieran tenido para cenar una tortilla como la mía, otro gallo les hubiera cantado.
¡Ah!, se me olvidaba: la novela que estamos leyendo - y casi terminando- se titula :
"El último encuentro", de Sándor Márai
No dejes de leerla: te la comerás entera, como mi tortilla